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La vacancia

1. De hecho, hay un asunto jurídico al respecto. José Alejandro Godoy lo expuso mejor que nadie, y además, sin caer en “bueno, así lo dice la ley”.

2. Hay también un asunto del orden simbólico, quizá más importante que el jurídico. ¿Hasta qué punto no es válido que un grupo de ciudadanos pida la salida de un presidente no solamente incapaz, sino también cuyo gobierno no sabe manejar situaciones de crisis y tensión. Por ejemplo, el primer gobierno aprista y la hiperinflación. O este segundo gobierno, y los muertos (civiles, policías) que ocurren en cada paro, levantamiento, toma de carretera, etc.

3. ¿Por qué pedimos la cabeza del presidente? Obvio, porque este es un régimen presidencialista. El que toma las decisiones finales, el que está al tanto de todo, el autor mediato de las políticas de estado, es el presidente y no el primer ministro, o los miembros del gabinete. Con tanta “mesa de diálogo multilateral del más alto nivel con perspectiva de participación ciudadana y de desarrollo sostenible” tampoco el Congreso asume o tiene responsabilidad alguna. Es el presidente el que decide todo y en él se concentra todo el poder. ¿Pedir la cabeza de algún ministro? ¿Para qué? Eso no sirve para nada, total, tampoco deciden nada. Por ejemplo, la cantidad de ministros del interior que han entrado y salido en este gobierno.

4. Así, tal como están las cosas, lo jurídico termina reflejando lo absurdo de un modelo de gobierno que se ha ido armando a tropezones, tientas y de manera improvisada. Lo natural se vuelve pedir la cabeza del presidente de la república y no la de un presidente de un consejo de ministros que solo acompaña la jarana.